Sexualidad

La ninfomanía ahora se llama hipersexualidad

hipersexualidad

A todas y todos nos gusta el sexo. Hacer el amor con la persona que deseamos. Lo imaginamos y a veces no hacemos más que dejar pasar el día pensando eso. El placer que provoca follar con alguien que sabe hacerlo y que nos trata bien es maravilloso, cuando lo hacemos, cuando lo concretamos; siempre que ocurra dentro de un marco de realidad. Y a veces no deseamos otra cosa que volver a verle para que se repita la situación, para volvernos a acostar con esa persona y que nos vuelva a dar ese mismo placer que hemos disfrutado.

Y así, de pronto, nos vemos inmersas en un círculo del que no queremos salir porque gozamos del sexo como nunca antes lo habíamos hecho. Con pasión, con deseo. De forma plena.

Que una chica se muestre de esa manera o que en todo caso exhiba esas características, no tiene nada que ver con el hecho de que sea una ninfómana. Una salida. Una adicta al sexo que algunos tienden a señalar de forma equivocada. Al contrario, esta chica solamente es una chica que disfruta al máximo de su vida sexual y está enganchada al tío que hace el amor con ella. Puede que sea su novio o puede que no. Lo cierto es que los dos lo pasan bien. Disfrutan. El sexo no es lo único que los une, aunque si lo fuera tampoco tendría por qué estar relacionado con la ninfomanía.

La mujer se siente plena porque el chaval sabe satisfacerla, estimularla. Disfruta haciendo el amor. Algo muy diferente ocurre con las mujeres a las que se les califica de ninfómanas o que tienen hipersexualidad.

¿Qué es la hipersexualidad?

La ninfomanía que ahora ha pasado a llamarse hipersexualidad, es el deseo extremo de querer tener relaciones sexuales a toda costa. Da igual el lugar, la hora, el momento, el compromiso que suponga estar en una fiesta y hacerlo a escondidas en un baño. Se pierde la vergüenza. Se pierde el pudor. Es algo que va más allá del placer. Es algo más que un deseo. Es un sentimiento incontenible. Una adicción. Nunca se va a llegar a saciar. Te impide seguir con tu día a día, porque tú día a día simplemente deja de existir, todo está atravesado por las líneas de la sexualidad y lo que quieres hacer todo el tiempo es satisfacerte. Tocarte. Que te toquen y así sin parar y por siempre. Nada es suficiente o al menos nada lo parece. El despertar del deseo surge en cualquier momento. Te desconoces a ti misma. Luego te sobreviene un sentimiento de culpabilidad.

Cierto es que una mujer que padece esto no se podrá integrar fácilmente en una sociedad con reglas y funciones. Difícilmente podrá asumir responsabilidades. Si se la descubre tendrá una vida marginada y señalada. Este trastorno está asociado muchas veces al alcohol, según informes de médicos que lo estudian al detalle, aunque a decir verdad se origina por causas desconocidas hasta ahora.

Aun así se dice que tiene sus orígenes en abusos sexuales que tuvieron lugar durante la infancia y que muchos violadores utilizan el término en los juicios precisamente para liberarse de todo sentimiento de culpa.

Pero que no se confunda la ninfomanía con el deseo de amar, el deseo de sentirte deseada. Antiguamente allá por 1800 les quitaban el clítoris a las chicas diagnosticadas de ninfomanía para que pudieran estar tranquilas, para que sus pensamientos no las desbordasen y algunos hasta decían que el chocolate producía esos comportamientos en las mujeres o la lectura de libros eróticos. Había mucha desinformación entonces.

¿Puede llegar a ser un problema?

Lo cierto es que se trata de un problema de adicción al sexo. Un problema que a la persona que lo padece no la deja vivir tranquila. Es consciente de lo que le pasa pero no lo puede controlar. Su adicción tiene el poder sobre ella, es capaz de hacer cualquier cosa. Cae rendida a los brazos de esa forma de vida. Y no hay nadie que la pueda sacar de ahí.

Se trata pues de un trastorno que deberá ser tratado siempre que la persona quiera curarse. Y se tratará siempre que lo asuma como un problema. Se controlará, pero curarse del todo no es posible. Algunos científicos asocian la hipersexualidad a la bipolaridad.

Para una persona que padece este problema el sexo está en todo momento, desde que se acuesta por la noche en su cama, está en sus sueños, mientras piensa, sus pensamientos giran únicamente al acto sexual, y cuando despierta abre los ojos y no puede hacer nada sin dejar de pensar en situaciones que conlleven la actividad sexual, a veces pueden ser deseos que queden en su imaginación, a los recuerdos de un viejo amante se suman otros recuerdos más y es entonces cuando su cabeza se convierte en una especie de olla a presión a punto de estallar. Pero también surgen otras circunstancias que se concretan en la cama. Porque el término se utiliza con personas que lo están padeciendo no que lo han padecido. Son mujeres que tienen más relaciones sexuales de lo que suele ser la media y que con mayor razón se han convertido en transmisoras de enfermedades sexuales.

El deseo está aunado a una desmedida pasión, camino al trabajo, en la universidad o cuando se está por la calle. Todo es deseos de hacer el amor. Hay un sobre estímulo que no se puede controlar. Se va de las manos.

Mientras está comiendo o después de comer. No hay nada que no pase por el deseo sexual. Todo se convierte en parte de una pasión incontrolable. Las fantasías crecen de forma constante, más allá de lo normal. Se repiten. No importa si se conoce o no a la persona, siempre que quepa una opción para hacer el amor con ella. Puede ser incluso un desconocido.

Es una enfermedad que está rodeada de muchos sentimientos de culpa. Pero muchas veces puede ser una enfermedad secreta. Y a veces también se puede llegar a confundir porque no todas las mujeres que disfrutan al máximo teniendo sexo son ninfómanas o padecen hipersexualidad.

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